Plasticidad relativa
Mercedes Cantó Tortosa
Se puso el abrigo con un gesto rápido. Agachó la cabeza al tiempo que se inclinaba para coger el bolso y la subió con la mirada ladeada hacia su marido. Éste la recibió con un beso en la mejilla, seco y rígido. Se fue al trabajo, como cada mañana, con un olor a perfume garantizado hasta la puesta de sol. Le va muy bien, está a cargo de un grupo de personas y toma importantes decisiones para la empresa, además de asistir a reuniones y viajes. Cuando está en casa, se transforma en una mujer relajada y paciente, aunque tan organizada o más que en su trabajo. Su marido, fotógrafo de vocación, tiene un puesto en la oficina de correos pesando sobres y cajas para envíos internacionales. Lo poco que le hace feliz de su trabajo es poder ser servicial con los clientes y centrarse en lo que hace para que todo salga bien. Llegó a invitar a tomar un café después del trabajo a una chica que quería darle una caja a su exnovio conteniendo todo lo que él le había regalado en once años de relación —cartas secretas de amor incluidas.
Una vez en casa, hablaban poco. Ninguno de ellos sacaba un tema de conversación y el silencio entre ellos resultaba cómodo y un lugar seguro. Ya habían pasado por una mala racha en la relación y, después de haberla superado, retomaron una vida tranquila. Ella salía bastante con los de su trabajo y pasaba días fuera, de viaje, mientras que él lleva una rutina que no le asfixiaba y que le permitía tomar una cerveza después de una larga jornada intensiva de ocho horas. A temporadas, había hecho cursos de portugués y de cocina. En verano es cuando más suele coger la cámara de fotos, se va al pueblo de sus padres y siente que vuelve a ser el que era antes de que la vida se le enfriara. También se la lleva al trabajo algunos días que se siente inspirado para dar una vuelta por el parque y sujetar algún momento entre las manos. Hace fotos que sólo él ve y guarda en cajas chatas apiladas sobre las estanterías del cuarto de lavar. El día que fue a tomar un café con la chica que enviaba la caja a su exnovio, le hizo unas fotos. Pero éstas no las guardó, se las dio a ella otro día que se vieron.
Las semanas pasan como si fueran días, los meses como si fueran semanas y los años forman parte de un ciclo rutinario extremo. Ella no para de escalar en la empresa y ya dirige un departamento, lo cual la obliga a pasar varios días seguidos fuera de la ciudad, pero ni siquiera este hecho es capaz de agrietar el elástico acoplamiento que han ideado. Aún así, él tarda, más que ella, doce minutos de media en dormirse. Repasa el día: todo bien. Luego esquiva la pregunta que revolotea fosforescente sobre su cara en la oscuridad: ¿por qué ella le eligió a él? Ella que es perfecta. Luego se duerme. Ahora duerme solo muchos días y ya no se pregunta eso. Ha empezado a dudarlo todo. Una noche cogió el coche para ir a verla a trescientos kilómetros de distancia, simplemente por necesitarla justo cuando no está, sólo con la idea de contarle lo que le pasa cada día en el trabajo, y cuando sale del trabajo, aunque ella no quiera oírlo. Después de tanto pensar, se siente culpable de no haber pensado más y haber dejado que las cosas hayan llegado hasta ese punto desorbitado. Tienen que hablar de muchas cosas. Eso le ha dicho a ella cuando le ha llamado. Ella le pide por favor que no vaya, que ya hablarán. Él insiste que va, está buscando algo aceleradamente, y cuelga.
Aquello que busca, no llega a encontrarlo. En una curva, un camión lo saca de la carretera. Ella vuelve al apartamento al que llamaban «casa». Todo está en perfecto orden. Le gustaría estar en la escuela y que alguien le enseñara qué tiene que sentir en ese momento y cómo hacerlo. Hay cuatro pareces de cristal que la envuelven dentro de un prisma turbio. Elige agua fría ante la necesidad de sentir algo. Se le doblan las rodillas y se sienta sobre sus pies con el agua tocándole el cuerpo y camuflando sus lágrimas.
Por la mañana, llega su hermana para estar con ella. Le agradece que haya ido hasta allí y se dirige a la cocina para verter zumo tropical en dos vasos de vidrio altos con excesivas aspiraciones. Mientras, su hermana le convence para ir a su casa a pasar unos días y se frece a recoger sus cosas. Abre la puerta del armario y encuentra una caja bastante grande. La abre, mira lo que hay dentro. Son cosas viejas, usadas, que no valen para nada. Hay una foto, de su cuñado con una chica que no es su hermana. Coge la foto y se la guarda en el abrigo. Su hermana le dice que quiere irse ya. Tapa la caja. Cierra el armario. Salen del apartamento.
4 comentarios:
Hay un par de errores en el tiempo de algún verbo pero creo que es por depiste. Por lo demás, creo que he encontrado las dos historias, el drama de las relaciones "aparentemente" perfectas, el amor que cuelga de una cuenta bancaria y una casa común.La incomunicación por miedo a comunicarse...
Algo a objetar: la previsibilidad del desenlace.
Àmbar
Hola guapa:
Me gusta ese estilo sencillo, con un lenguaje del día a día... Hay un par de imágenes, entre otras, que me han parecido brillantes: la de sujetar un momento entre las manos, y lo de la pregunta que revolotea fosforescente.
No acabo de entender el uso del presente en este relato. Yo habría usado el imperfecto y el pretérito puesto que se trata de un narrador omnisciente. Si hubiera sido un narrador-observador, la cosa sería diferente puesto que podría estar consignando los hechos mientras los observa, en tiempo real, pero entonces no debería entrar en la psicología y la vida interior de los personajes, sino mantenerse más al margen. De todas formas, sí usas en algunos momentos en pasado, y de repente vuelves al presente... En fin, es un poco confuso.
No sé si lo he entendido bien, pero el final me deja con un problema: si la foto que la hermana encuentra es de ella con el marido de su hermana, ¿por qué no apoderarse también de todas aquellas cartas de amor? ¿Ha sido un despiste?
Algunas perífrasis verbales habría que pulirlas: "Lo poco que le hace feliz de su trabajo es poder ser servicial". ¿Que tal: el único aspecto que le gusta de su trabajo es la oportunidad de ser útil?
Tendrías que evitar el uso de verbos comodín como "hacer, poner, tener, etc."
Me gusta lo claro que tienes el final y la historia en general en tu cabeza...
Saludines, SV
Suscribo los errores que te comentan sb las perífrasis verbales y los tiempos verbales, aunque el estilo general, sencillo y directo, me gusta mucho.
Un par de detalles más
.. la historia puede ser previsible si sólo aparece 'esa' chica en el primer párrafo. si añadieras otro personaje, masculino, al que ayudó, borrarías el efecto tal vez demasiado obvio, una chica recién separada que necesita olvidar a su ex, etc.
.. antes de que la vida se le enfriara, uou, menuda imagen más potente.
.. muy buena la duda que generas con lo que sea que él busca, una confesión, una ruptura, las dos cosas...
.. el dolor de ella es está muy bien dibujado, pero me despista la imagen de la escuela y el qué sentir... tiene que sentir dolor, no? otra cosa es que busque una salida en el conocimiento/escuela, pero no queda claro...
.. lo del zumo tropical y los vasos de vidrio altos con excesivas aspiraciones y las cosas viejas, usadas, que no valen para nada... demasiados detalles, el tono general es menos cargado, no?
.. muy efectivo el final, tapa, cierra, sale :-)
salud!!
Estoy de acuerdo con lo que comenta Silvia: el uso del presente es un poco confuso y me despista en los comienzos de los párrafos.
Tienes algunas frases geniales, la de sujetar un momento y también el perfume garantizado hasta la puesta de sol.
Al contrario de Ambar, el desenlace no me pareció nada previsible. Creo que no lo entendí como los demás que comentaron... Para mí, la foto muestra el marido y la chica de correos, es decir, su ex-novia... y la caja es de su anterior relación, ella nunca llegó a enviarla porque se la dio personalmente... ¿Me estoy haciendo un lío? Igual nos lo puedes aclarar un poco...
Las últimas frases me parecen estupendas, pero deberías de explicar un poco mejor la foto.
Christina
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